“ Aquella noche, en cambio, le había deseado la muerte con todo el ímpetu del corazón, y esa certidumbre lo alarmó. Después la sintió sollozar en la oscuridad, muy despacio, mordiendo la almohada para que él no sintiera. Ésto acabo por ofuscarlo, porque él sabía que ella no lloraba con facilidad por ningún dolor del cuerpo o del alma. Sólo lloraba por una rabia grande, más aun si esta tenía origen de algún modo con su terror de la culpa, y entonces le daba mas rabia cuanto mas lloraba porque no lograba perdonarse la debilidad de llorar. Él no se atrevió a consolarla, sabiendo que habría sido como consolar a una tigra atravesada por una lanza, ni tuvo el valor de decirle que los motivos de su llanto habían desaparecido esa tarde, y habían sido arrancados de raíz y para siempre de su memoria. […]
Ella le habló sin mirarlo, pero ya sin rastro de rabia en la voz, casi con mansedumbre.
- Tengo derecho a saber quien es – dijo.
Y entonces el se lo contó todo, sintiendo que se quitaba de encima un peso del mundo, porque estaba convencido de que ella lo sabia y sólo le faltaba confirmar los pormenores. "
El amor en los tiempos del cólera – Gabriel García Márquez
Por fin terminé de leerlo. Ahora a ver la película. Saludos!
1 comentario:
Ché, donde el tipo escribió "tigra"... ¿no va tigresa?
Por ahí se refiere a otra cosa llamada tigra, quién sabe.
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