Tome las riendas, pequeña.

A veces siento mucha impotencia, bronca, soledad, tristeza, nostalgia, rabia… Me quedó dando vuelta algo que me dijo un conocido:

“Lo que mal anda, mal acaba. Tome las riendas, pequeña. No se deje Dominar. Párese muy erguida, y con la frente en alto, como sosteniendo una lengua de fuego, diga: ¡Me gusta el Flynn Paff y soy felíz!. No flaquee, no vacile. Párese y ponga la intensidad del corazón en su mirada. En la punta de las pupilas, convénzase a sí misma de que puede ver el mundo tal cual es.” Adolf Choropowicz

Te volví a buscar en el mismo lugar, y es que como vez no te puedo olvidar. Es desolación que hay en mi interior, y se que todo ha sido culpa mía... Bárbara Muñoz @ Otro día sin ti.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Este Adolf... olvidó algo.

La obra de arte es tal porque el artista afirma que lo es. Así hemos visto muchos caraduras encajar sus productos en varios lugares (léase galerías, etcétera).
La confianza ciega en las propias capacidades no está excenta de error. La humildad por sí sola sólo parece impedir conquistar lo que otros conquistan a fuerza de imponerse alla "cara-rota's way".
Hay que armarse de una capacidad dual, que permita alternar soberbia y humildad.

También podemos pretender haber visto todo, anticipar la maldad de los otros a partir de la ya padecida. Pero como no podemos ver todo, también habría que alternar una virginal curiosidad por todo (una suerte de permanente sorpresa por la vida) con unos cansados ojos de viejo que sí todo lo han visto (y ya con nada se extrañan).

Estos últimos, permiten incorporarse rápido cuando a uno le pasa algo inexplicable. Y en este país nunca falta algo inexplicable.

Anónimo dijo...

*exenta.

Catta dijo...

Me encantó!

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