
¿Qué hubo de especial para mi? Nada, supongo, salvo el acopio de experiencias felices con Iván, que esa noche alcanzaron el número crítico necesario para desbaratar mis defensas. Sucedió que al volver del orgasmo, envuelta por los brazos firmes de mi amante, sentí un sollozo sacudiéndome entera y luego otro y otro mas, hasta que me arrastró una marea incontenible de llanto acumulado. Llore y llore, entregada, abandonada, segura en esos brazos como no recordaba haberlo estado nunca antes. Un dique se rompió dentro de mí y ese antiguo dolor se desbordó como nieve derretida. Iván no me hizo preguntas ni intentó consolarme, me sujetó firmemente contra su pecho, me dejo llorar hasta que se me acabaron las lágrimas y cuando quise darle una explicación me cerró la boca con un beso largo. [Retrato en sepia – Isabel Allende]
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Si llegaste hasta acá, dejá tu comentario!