Cuando Aguilar le comunicó a Agustina que se iría solo al paseo,
ella le montó uno de esos berrinches telúricos que estremecen al edificio y que han hecho que él la llame mi juguete rabioso,
porque Agustina es así,
divertida y ocurrente pero llevada de todos los demonios.
Después ella se negó durante un par de horas a dirigirle la palabra y al final, ya más serena, preguntó cómo era posible que yo no comprendiera que a ella también le vendría bien un poco de descanso.
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